Era extraño
Todos los días subía las escaleras,
contaba cada paso de los 16 que daba
el 4 escalón rechinaba por lo que hacía un salto,
porque desconfiaba de aquel pedazo de tabla,
Siempre lento y cauteloso avanzaba ,
todos los días se le veía, con paciencia subir los escalones.
Las mujeres de la oficina, solían esperar el momento exacto, para verlo subir
él desplegaba una calma enorme en sus calculadores ojos y su rígida postura,
mientras ellas desesperadamente atentas a cada paso, miraban de reojo la travesía. Cada paso del hombre hacia juego con el péndulo del reloj de pie de la oficina.
Cada paso... menos uno, el cuarto. Que saltaba el escalón rechinante.
La mañana del domingo 12 de abril, él pretendía emprender su ya corriente travesía,
pero algo extraño pasaba, él hombre miro la escalera, y no coincidía con lo que recordaba
En vista de tal incertidumbre, de no saber si esta escalera aguantaría, pidió ayuda, al cabo de un rato recordó que él era su único auxilio.
Comprendiendo entonces que subir era necesario, se aventuró a su suerte, dio cada paso de manera insegura, su frente brillaba y al llegar cada escalón se sentía a salvo, fue una lastima que esta escalera no fuese como la otra.
Él acostumbraba subir 16 peldaños y 16 subió.
Es así como su fanatismo riguroso jamás lo dejó salir de ahí, de una escalera infinita, insubible, todo gracias a la fuerza de la costumbre.
Un peldaño más podría parecer excesivo, pero sería suficiente para ver las cosas de una manera distinta.
