El despertar del siguiente día
Una lúgubre entrada me prometía un demoníaco encuentro, nos encontrábamos mi fe y yo. Pretendía que ella me diera fuerza ante tanta fantasía, que me hacia dudar del poder que tiene la carne ante los espectros imaginarios. Es que había mucho de donde imaginar. En el sucio suelo grisáceo de bloques de roca, había un charco que parecía reflejar algo, algo que no se mostraba sino en reflejo. La poca luz de un ya viejo foco de poste, dejaba sombras por doquier, que a medida que iba avanzando parecían rodearme, en busca de algo, como buitres en espera de que el vivo se convierta en carroña… continúe avanzando por el sombrío lugar, y es que no me quedaba alternativa. Era avanzar en miedo o perder la vida, porque en el retroceso no me esperaba más que muerte… miré hacia atrás, he intenté ver algo, pero no vi, ni oí nada, porque el silencio más absoluto reinaba en esta callejuela.
Una gota se resbalo de la luz al charco produciendo un eco de ultratumba, miré nuevamente hacia adelante, pero la poca luminosidad no me dejaba apreciar las murallas del callejón. Solo se veían siluetas desformes, líneas paralelas en vertical con bordes negros. Tétricos a mi andar, que me impulsaban a seguir caminado y no parar. Intente despegar mi vista por un momento al cielo, pero en mi horizonte sonó un estruendo, que más que escalofríos me hizo sentir.
De pronto una de las sombras que hasta entonces me rondaban, pareció tomar fuerzas y decidirse. Es entonces cuando una presencia negra cerca de mi, comenzó a sentirse, no les mentiré parece que tuve miedo, en sí, no lo recuerdo, el shock fue tan tremendo, que tiembla mi mano ahora que lo estoy escribiendo.
La sombra se hizo a mi y me envistió, caí a tierra, sobre mis posaderas, miré atrás, cual fue mi sorpresa ninguna, ya sabia que estaba solo, el miedo me consumió, y lloré de miedo, como nunca lo había hecho, de miedo a lo extraño, a eso que no podía controlar. Me vi perdido, perdido y a merced de estos seres que no tenían mejor panorama que fastidiar a un tipo que acababa de escapar de la muerte.
Mas hundido en lagrimas con mis fuertes manos levante mi común cuerpo, las lagrimas aun escurrían por mi cara, cuando pasé mi manga sobre mi rostro, queriendo borrar toda huella de mi falta de valentía.
Me hice de nuevo a mi andar, y atento a todo ruido continué mi caminar, no estaba seguro de lo que me pudo haber golpeado, posiblemente tropecé, me dije, intentando descartar las intervenciones paranormales.
Así continué analizando cada detalle y quitando el miedo de mi mente, como lo haría Scully de “Los archivos secretos X”, ella daría una solución científica a todo lo que pudiera ocurrir, aún así, más allá de mis míseras explicaciones, por allá donde se escuchó el estruendo, un pequeño susurro paralizó mi cuerpo de golpe, y mis ojos de abrieron del todo, mis pelos se erizaron, y un trago de saliva, fue lo único que bebí.
Detenido en el impacto de tan macabra manifestación, un poco más fuerte, diría que más cerca se escucho el murmullo, esta vez si fue peor que la anterior. Porque esas palabras incomprensibles se volvieron mi testamento en su segunda entrega.
Y recitaba el ente desconocido: No saldrás de aquí, de aquí no saldrás.
Con una voz de anciana en lecho de muerte, y se repetía cada vez más fuerte y preciso: No saldrás de aquí de aquí no saldrás. Como si a mi encuentro avanzara.
Yo aún paralizado por tal impactante situación me di al encuentro de lo extraño , y comencé a caminar en dirección a la voz, mis piernas temblaban como si no se quisiesen mover, parecían concentrar el miedo que sentía y guardaba, para no volver a llorar, mis zapatos de suela y cuero negro comenzaron a rechinar en símbolo de protesta, y entonces el rechinar acompañó a la sombría voz ,que continuaba su fatal mensaje con su tétrico y longevo tono: No saldrás de aquí de aquí no saldrás.
De la nada y en un soplido como si la anciana de mal aspecto y desquiciada, que yo esperaba encontrar, corriese a mi encuentro, la frase fúnebre avanzo a una velocidad no imaginada. Y comencé a dudar de enfrentarla, mi pantalón de negro lino y mi camisa alba hacían juego con mi pálido rostro, y yo me dije: No estoy listo para la muerte. No ha sido mi día de suerte. Dios, por favor, déjame despertar.
Y esta vez la viejecita pareció gritar: No saldrás de aquí!!! De aquí no saldrás!!!
Y el grito tapó al silencio y no se escucho más que esa voz, resonando entre las oscuras murallas de aquel interminable callejón, y el mísero foco que alumbraba el lugar, parpadeo entrecortando mi visual y entre cortes veía una sombra caminar. Se acercaba a mi ,como yo a ella, a unos siete metro de distancia no la vi más y nuevamente me dije- estoy soñando nada más, estoy soñando- queriendo convencerme. Cuando ya el foco volvió a dar luz total, sentí una sombra en mi espalda, y las gotas de sudor frío de mi frente comenzaron a bajar, tome aire e intenté voltear. Cuando de pronto me soplaron al oído, como la primera vez sonó aquel tormentoso murmullo, con tono de viejecilla bruja. No saldrás de aquí, de aquí no saldrás.
Sin moverme, dirigí mis ojos a la fuente del sonido, quede boquiabierto, me pareció ver, el ser más horrendo que he visto hasta hoy, sus dientes tenían señal de haber desgarrado carne humana, sus ojos completamente desorbitados me daban señal de su locura, sus labios secos y grises, su pelo a mal traer, y su aspecto repugnante me hacían sentir presa de su completa asquerosidad.
Y me eché a correr cual cobarde, como si tuviera alas en los tobillos, mis pies volaron y yo con ellos, y ni las posas ni las sombras del callejón pudieron con la adrenalina liberada por el miedo… cansado llegué por fin a una esquina donde me detuve , mi corazón saltaba en mi pecho haciendo escándalo de su excitación, mi respirar era agitado, exhalaba fuerte y sin pausa. Miré atrás y no vi nada, entonces apoyé mi mano en la muralla, porque no soportaba el peso de mi cuerpo. Me senté en el suelo, dado que me sentía ya seguro descanse unos minutos, me sentí bien, tranquilo.
Mas mi alma pendió de un hilo, cuando la luz del foco que alumbraba esta esquina comenzó a parpadear, y no pude creer escucharlo de nuevo. No saldrás de aquí, de aquí no saldrás. Mi mente se fue a blanco , mi boca entreabierta, mis ojos dilatados, mi respiración sostenida y mi cuerpo inmóvil, esa fue mi reacción.
Una ráfaga de viento desde atrás, levantaba aire frío y mi respiración creaba fumaradas de aire caliente. Comenzó a helar y el soplo frío dominó cada rincón del callejón, yo nuevamente me hice de fuerzas extra corporales y valentía sobre humana para enfrentar la situación, mas no puede y preferí correr. Pero esta vez no pude ir muy lejos, el temor reinó en mi cuerpo y mis temblorosas piernas me hicieron detener.
Poco a poco vi como el húmedo suelo de roca que llevaba restos de agua se tornaba más brillante y comenzaba a formar escarcha. Es que el gélido viento formaba corazas resbalosas en el suelo, y aunque cansado y tembloroso estaba, opté por dar un último esfuerzo, pero las escarcha no juego a mi favor y resbalé, me azoté en la roca.
Ahí sentí el frío mi delgada camisa no amortiguo mi caída y me dejó a merced de la helada, de pronto a tono de muerte el viento se tornó más fuerte y con el trajo mi antagónico amigo que esta vez sin palabras. Solo corría como si flotase, y yo observe aquella escena sin creer lo que veía, aquel decrepito robusto cuerpo no podía sino moverse lento, pero en ese entonces la verdad superaba todas mis conclusiones.
Tirado en el suelo veía como semejante masa se deslizaba entre escarchas a gran velocidad, mientras mis posaderas se helaban sobre la roca congelada, de espanto en más mi único impulso fue ponerme de pie y enfrentar de una vez todo el barullo de esta noche. Me puse firme, tensé mis músculos, y mi metro setenta pretendió aguantar lo que viniera.
Cuando lo vi muy encima ya a casi cuatro metros, no encontré solución más inútil que cerrar los ojos…
Y como huracán la frase que horrorizaba mi mente y le perseguía desde el primer momento en que la oí me hizo abrir los ojos, y en un segundo la ráfaga se fusionó conmigo y movió cada uno de los cabellos de mi largo y castaño pelo con una sola frase. No saldrás de aquí, de aquí no saldrás.
Y quede impactado al darme cuenta, que el viento sopló y nadie había más que yo, y que al terminar de escuchar la terrible frase, pude sentir como mis labios se movieron confabulados a ritmo de la tenebrosa oración.
Necesito Opiniones please
